Por: Ellie Burgueño

Ser bilingüe es mucho más que solo hablar dos idiomas con fluidez. Ser bilingüe es comprender dos culturas, dos países, dos comunidades y estar involucrado en el proceso. Ser bilingüe es todo un arte.

En esta región fronteriza, dividida por una cerca y un “muro”, la mayor parte de la gente comprende bien de lo que hablo. Ser bilingüe no es una excepción, es algo muy común en nuestra población. Y es que en esta región binacional en la que unos siendo de un lado, crecieron en otro, y los que no son de aquí son de allá, fue inevitable “ser bilingüe” dado a las circunstancias y el medio ambiente.

Ser bilingüe es tan común para muchos, sobre todo en esta frontera entre las Californias, que incluso muchos mezclan un idioma con otro (el inglés y el español), transformándolo en esa variedad de valéxicos y morfológicos de la lingüística en donde ya no se habla ni ingles ni español sino “Spanglish”.

Y aunque aún hay una gran parte de gente, sobre todo entre los hispanos nacidos en Estados Unidos, de segunda o tercera generación, quienes se reúsan a adaptarse a una cultura binacional y adoptar el lenguaje de sus ancestros, o simplemente en el afán de evitar la discriminación, prefieren afirmar que no hablan español, hay otro grupo quienes hacen lo contrario.

Hay jóvenes de descendencia mexicana o de algún país de Latinoamérica, quienes teniendo padres hispanohablantes y tras haber crecido en Estados Unidos, afirman que sus padres se negaron rotundamente a enseñarles el idioma español, debido a que quisieron evitar la discriminación hacia sus hijos por ser mexicanos o de origen latino.

Sin embargo, el hecho de ser bilingüe no es ningún motivo de vergüenza. Vergüenza es no saber escribir, leer y hablar más de dos idiomas, como se practica comúnmente en la unión europea, donde la mayor parte de la población no solo domina cuatro sino hasta cinco o seis idiomas con toda naturalidad.

En Estados Unidos, cuando un niño quien ha crecido en un hogar hispano entra a la escuela, y esta es una escuela pública en alguna de las zonas marginadas del país o es una escuela en una zona donde no hay gran cantidad de hispanos, puede en algunos casos ser víctima de “bullying” o ser “discriminados” a causa de no comprender o de hablar propiamente el idioma inglés.

Por ello, esta experiencia durante su proceso de adaptación hace que gran cantidad de niños crezcan creyendo que el tener un acento o no hablar fluido el inglés durante sus primeros años de vida, e incluso, en la adolescencia, ya que el inglés no fue su lengua materna, es motivo de vergüenza, y por ello, en la edad adulta y al tener hijos, su tendencia es omitir el hablar el español en casa, ya que su propia experiencia los dejó con un trauma psicológico que les es difícil de superar aún en la vida adulta.

No obstante, antes de sentir vergüenza, todos debemos de tener en cuenta ciertos factores, como lo son: a) tener un acento no significa que se sea tonto o incapaz, representa el dominio de otra lengua. b) el hablar español no significa que se será identificado como una persona de origen humilde, como muchos lo creen, aunque México es un país aún en desarrollo, tiene una actividad económica importante y ciudadanos muy destacados en la sociedad. c) Estudios económicos en Estados Unidos y México reportan que las personas bilingües son mucho más competitivas y tienen una mejor remuneración en su sueldo que aquellos que hablan solo una lengua. d) El español es la segunda lengua materna del mundo por número de hablantes, solo por detrás del chino mandarín. e) Ser bilingüe amplía tu red de contactos y te hace una persona bicultural. Esto, por mencionar tan solo algunos beneficios de ser bilingüe.

Recuerdo que cuando era estudiante en High School, un hospital cercano abrió un programa de entrenamiento en terminología médica para estudiantes bilingües, quienes pudieran apoyar con interpretación médica en el área de urgencias a cambio de crédito escolar para graduarse temprano, yo por supuesto aproveche la oportunidad, y esa experiencia de un año en Maryvale Hospital, en la ciudad de Phoenix, Arizona, donde crecí, me dejó un aprendizaje incalculable de vida que al tiempo se convirtió en una forma de ingresos importante.

Ser bilingüe puede traernos verdaderos beneficios, como ser suficientemente competente para perseguir una certificación en dos idiomas, lo cual, como especialidad es muy bien remunerada, además de la diversión y variedad de actividades que se experimentan cómo intérprete-traductor del inglés y el español.

Las comunidades biculturales son bien conocidas alrededor del mundo y los países desarrollados buscan generar las condiciones para que su población no solo pueda dominar una lengua, sino dos, tres o más, lo cual nos permite ser personas mucho más preparadas y competitivas en un mundo globalizado.

Ser bilingüe no debería ser la excepción sino la norma para todos; y el dominar dos idiomas no es motivo de vergüenza sino todo un arte y un gran motivo de orgullo.